Monday, February 15, 2016

La desesperanza encabronada

Al Chocho Maldito no se le puede dar el beneficio de la duda. Su éter no deja espacio para ese tipo de ejercicios retóricos. No hay muchas preguntas que hacer después de escucharlo, pues. Sus vociferaciones y lamentos pentatónicos suelen superar los porqués y las reinterpretaciones fáciles del "melómano" promedio. Debo expresar que aunque generalmente es sencillo desenmascarar y etiquetar el leitmotiv de la obra de Sergio Fernández, en esta ocasión su neonato dedicado raya en cierta estética suigeneris, lo cual creo que va de gane. 

Decir esto, claro, no elimina la posibilidad de que más de algún mamón clasifique a De, Por & Para en los cajones apolillados de géneros como el post-folk, dark-country, stoner balad, o qué sé yo. Sí, me estoy burlando.  Por eso quiero dejar en claro que esto no es una reseña al estilo del payaso editor de cualquier fanzine indie. Que conste.

"Ya me pasaron el corte final del DPP, ¿lo quieres hacer GARRAS?", me dijo por inbox. Inbox, chingadamadre. Tan minimalistas nosotros. Pero si claro. Y como buen apologista del cliché, me hice un café y escuché el "disco" (A.K.A. archivo de Dropbox) completo. 

Bueno, dije. Está bueno el pinche disco. Las canciones ya compiladas y ordenadas en una colección suenan diferentes. Chilokuili, Todo bien, La rara, Cazador, Ojos de Zanate y Acción patética son piezas que había tenido la oportunidad de escuchar varias ocasiones en vivo, colaborando de manera superficial en algunas de ellas incluso, a través de pequeños happenings de ansiedad compositora que Sergio y su amigo imaginario tuvieron a bien montar más de una vez. El resto del disco pareció simplemente oportuno al final de mi primera sesión.

Había que escucharlo más. Todo tuvo sentido entonces. Cada acorde y cada nota vocal desgarrada. Cada palabra, estrofa y estribillo. La secuencia de las piezas y su continuidad. Y tuve una breve epifanía en la que me di cuenta que era el menos indicado para hacer garras lo que Sergio había creado. Mi conclusión es que De, Por & Para es un monumento a la autoafirmación decadente del extranjero ensimismado que ha luchado por adaptarse a esa tierra de nadie donde se ama y se odia y no se muere en el intento; una “oda al mostro” de los impulsos primigenios. 

Crearle un trofeo de esta magnitud al desafecto no debe ser tarea sencilla. Hay mucha mierda de por medio. Cada canción en DP&P se antoja como una malquerencia casi superada; como un día nublado en el que es necesario transitar con gafas oscuras. Sergio no solo intentó con éxito crear pequeños manifiestos musicales en torno a su propia miseria emocional, sino que se convirtió en ellos: en cada nota, susurro y berrido. Ahí es donde sucede la magia de esta obra y donde ciertamente creo que radica el arte de su propuesta. 

Lo interesante, en mi caso, es que a través de la experiencia personal he podido separar al artista de la persona. Sergio sabe que el Chocho Maldito no necesita pedir permiso alguno para mostrarse fuerte o vulnerable. Eso es lo de menos, y claramente no le importa un pito. Y es que después de su anterior trabajo en Cuentos del desierto, donde el reclamo incendiario y diatribesco puso de manifiesto su vitalidad intelectual y reflexiva sobre la violencia, los estereotipos sociales, la corrupción, la ambición, etc., esta vez decidió ahogarse en la desdicha del terror que a muchos puede causar la catarsis. Después de absorber DP&P es evidente que no hubo pierde.

En lo personal, debo agradecerle esa capacidad temeraria de la que echó mano para enterrarse en el lodo y salir ganando, porque es imposible no sentirse cómplice de todo aquello en lo que está sostenida esta obra. La pericia técnica de Sergio en la guitarra, sus influencias musicales, su meticulosidad compositora, su lírica, y su desgarrada voz, son el elemento básico de un talento musical que definitivamente termina elevando el nivel de consciencia de cualquiera que lo escucha. Inspira y mueve a la reflexión. Toca y sensibiliza. 

Para definir “a qué se escucha” De, Por & Para sin hacer gala de la ridiculez “poética” del metaforero insufrible, tendría que decir que a bolero-blusero con complejo rockero. No podía quedar atrás, sin duda, la proclividad de Sergio por sus Beatles y Johnny Cash. Porque para musicalizar exactamente la desgracia de frases como /pensar daña a la gente/¿sabes?/y lo ha hecho bien conmigo/pues apenas es septiembre/y no hago más que pensar/ o /el tiempo es el enemigo de los amantes/la vida/el tiempo que comparten al desgastarse/ es necesario recurrir a toda la paleta de colores. 

La rara, Ojos de Zanate, Acción patética, y la lúgubre Viene por mí, son claro ejemplo de la forma en la que Sergio decidió aplicar sus recursos estilísticos tanto en la melodía vocal como en las cuerdas, logrando ornamentos à la Lou Reed, Tom Waits y José Manuel Aguilera en momentos. Viene por mí sería la excepción a la regla en lo que pudiera esperarse de él. Esta pieza, que solo se compone de voz y sintetizador, es una de las que más destaca por su ambientación teatral sombría, luctuosa y vampirezca, además de por la inigualable mancuerna entre letra, melodía y voz. 

Si acaso tuviera que reparar en algún detalle sobre esta colección de temas, sería en el de su sonido. Quiero pensar que la grabación y producción fueron diseñadas ex profeso para cumplir con una determinada estética y no que estamos ante la falta de habilidad técnica y/o recursos de los involucrados. Y quiero pensarlo de esa forma porque conociendo a Sergio, dudo mucho que la propuesta sonora de esta obra, al estilo low-fi, haya sido un evento fortuito. Muy por el contrario, estoy convencido de que este disco no pudo ni debió haber sonado de otra forma.

Me quedo con que hay que escuchar De, Por & Para. Hay que escucharlo varias veces hasta convertirlo en favorito. Porque en estos tiempos de desesperanza encabronada, la única forma de ser responsables con nosotros mismos es abandonando la simulación y la evasión. Para crecer, hay que abrazar la mierda y aceptar que aprender a amar sin codependencias paralizantes requiere güevos. Hay que escuchar al Chocho Maldito gimotear estas canciones, sí, pero sobretodo hay que inspirarnos por lo que Sergio Fernández creó cuando estuvo ahí donde el amor ahorca y destruye. Sufrió, hizo su chamba, y ganó.

Thursday, February 12, 2015

Inercia

pasarelas de mediocres
moviéndose
en sus autos nuevos
en sus autos usados
en sus ejes
atormentados por nada
por lo que han de hacer
por lo que han de ser
por el poder que no tienen
erguidos van
con el orgullo hecho mierda
con la esperanza prostituta
arribista
y destrozada

Friday, October 17, 2014

Detritus patriota

Me caga el sentimiento de amor a la patria.  Y no es por mi tendencia a defenestrarlo todo, como si tuviera que deshacerme de ello.  Después de tanto ser testigo del vernáculo fundamentalismo al que se entregan los orgullosos oriundos de cualquier geografía, no puedo mas que sentir un profundo rechazo por las filias terruñeras.  Los conceptos de patria y estado-nación no sirven para ni puta madre. Los símbolos que representan a cualquier estado, a cualquier nación, a cualquier patria, son mero grafitti. No creo en las pinches banderas ni en los himnos nacionales ni en el chovinismo light, patriotero, aprehendido en libro de texto e inyectado en nuestra psiqué por una educación que forma para la competencia individual y la perpetuación de las condiciones del sistema en el que apostamos la vida.

Competitividad y productividad son el slogan. Hay que aplastar al otro, ser mejor que él, crear necesidades y saciarlas a través de productos tangibles e intangibles; hay que escalar, innovar, deslumbrar, apantallar.  El consumo no puede existir sin la hipnosis que es la producción de las condiciones por las que la perrada creemos que nos es vital eso que nos anuncian.  Hay que suministrarle a la sociedad lo que bien aprendió a solicitar a través de años de exposición a las "bondades del progreso". Y este se inventó (no podemos mas que terminar aceptándolo) con un solo objetivo: convertir al individuo de hombre a superhombre.  El progreso como consigna de un sistema que debió arreglárselas para sofisticar el trabajo y convertirlo en industria y en el centro de la vida humana.

Para ello debieron desarrollarse asignaturas especificas que pudieran preparar a los futuros herederos del progreso. Por eso el modelo de educación tradicional no sirve, porque "profesionaliza" existencias que deben servir al mantenimiento de las inercias de la estructura económica y sus cadenas de consumo, enclaustrando la creatividad y poniéndola al servicio de la generación de conocimiento específico. El conocimiento es accesorio cuando se utiliza como objeto en vez de como herramienta del pensamiento. Conocer no es lo mismo que darse cuenta; el primero es un fenómeno empírico, intelectual, y el segundo requiere de un ejercicio de reflexión complejo; es en la institución educativa donde el acto primario de la cognición tiende a podrirse y descomponerse en información utilitaria, coartando así el proceso de pensamiento.

La reflexión y el análisis como ejercicios han quedado supeditados a los marcos que delimitan el deber ser y status quo del propio sistema. La educación básica y superior están diseñadas para el adoctrinamiento consensuado, y es debido a ello que desde temprana edad asimilamos impositivamente conceptos como el de "patria" y "soberanía", aprendiendo paralelamente a venerar sus símbolos, próceres, y en general, la historia oficial de lo que uno como ciudadano debe defender y considerar propio. En ese "deber" es donde se esconden sentimientos de sutil segregación por lo foráneo y exaltación por lo nuestro, teniendo como base el pasado, nuestra historia y los "héroes" que nos dieron "tierra y libertad". No debería sorprendernos saber que el nacionalismo y el orgullo por la patria están anclados a un principio de separación/identificación que tiende a legitimar la diferenciación racial y cultural como algo normal y necesario; la muestra más básica, amplia, cavernícola e ilustrativa de esto son las fronteras: la geopolítica.

La delimitación territorial de las naciones representa el ethos bajo el que se forjó el actual sistema en el que vivimos, el cual promueve, estimula e incita a la fragmentación, el consumo, la competencia, el desempeño/rendimiento, y el trabajo como medida de todas las cosas. Así, llegamos a un presente en el que la reacción autómata cuando se trata de cualquier patriota, es desgarrarse las vestiduras por su país. Y no: no es lo mío, ni por poco.

Wednesday, March 26, 2014

Un viaje

Sangre nueva en cada paso
Y caminos que desdoblan la inquietud de estar
observando lo imposible
te das cuenta de que cabes en ningún lugar

Ver morir
tardes en el horizonte
experiencias inefables
conducen nuestra permanencia

carnívoro
es el deseo
y el viaje que pende de estas piernas 
errante, ignoras las distancias
que guardan el tiempo en su extensión

y cuentas
huellas

Ver morir
tardes en el horizonte
pulsaciones inexplicables
conducen nuestra permanencia

una vez más

recorrridos
que ofrecen la oportunidad
de diferenciar
lo vital
de lo superficial
obligándonos a cambiar 

destinos pendientes
sombras nómadas
y vuelves a empezar
una vez más


Tuesday, August 13, 2013

Lo que queda

Lo que resta es sumar
es sumarnos
hacernos uno
más uno
voltearnos a ver
y cortarnos la cara
a besos

Queda la respiración en compases
la música en gemidos
el lúpulo y la cebada,
a cántaros
en cualquier lugar
donde la moral sea una estampita

Lo que sobran son palabras
las ya usadas y escogidas
las no usadas,
escondidas
los amantes que se leen
entre líneas
enterrados en trincheras

Lo que queda somos dos
jugando a ser personas
viviendo como niños
al margen del adulto
que pueril,
ha renunciado a sus derechos











Wednesday, July 24, 2013

Hexagrama

Habráse visto semejante albur rondándonos.  Es la arista en la que caminamos, los lados de las formas, la incertidumbre de lo conocido.  Es la vida en un envase, el más frágil de la especie.  Por eso hay que nacer, todos los días, como si fuera necesario: como si debiéramos celebrar las mañanas en un respiro -el primero al despertar- para después hacer como que nada es conocido; nuevo todo, nueva luz, nuevo tu.

Habráse visto semejante suerte, semejante caos: semejante conjuro, semejante embrujo, el de estar vivo.

Por eso cada partícula de polvo cuenta, cada cabello caído, cada gota de líquido; de sudor, de lluvia, de semen, de sangre.  Cuenta cada halago recibido, sincero; cada mirada desconocida y conocida, de esas que hablan con los párpados.  Cuentan los árboles que bailan y las hojas que viajan con la promesa de amarillos y ocres.

Habráse visto semejante magia y semejante indecencia, en todos, en nosotros.

En la indiferencia del inexpresivo y el paroxismo del enajenado.  En el arte por el arte y las maneras de matarlo; tan burdas, tan finas, tan comentadas en palabras y realizadas en lienzos, partituras, escenarios y celuloides, todos apócrifos.

Habráse visto el destino charlatán vs. la sincronía matemática, encontrándose, en el plano cartesiano.

Se habrán de ver abrazos entre extraños, besos entre amantes, arte y naturaleza en todas partes.  Habrás de ver al otro como a ti, como a la madre y al padre, como al hijo y al mendigo; como al rico y al payaso.

Velos, ahí están.  Velos con el tacto, el olfato, el gusto, el oído, porque la vista engaña.  Velos, y al hacerlo, habrás comprendido todo.

Wednesday, July 10, 2013

Reptar

La indolencia se arrastra. Nos arrastramos, todos.  Actuamos sin pensar.  Hacemos, construimos, vanagloriamos nuestros ridículos éxitos en la escala de Richter y le sonreímos a personajes sin contenido por mero compromiso.  Compromiso.  He visto a Dorothy sin sus chingadas zapatillas.  No es nadie sin ellas.  No somos nadie sin ellas.  Somos Dorothy, la niña buena e idiota que camina dando brincos.  Está perdida. Estamos perdidos y no hay camino amarillo.  Sin zapatillas no hay magia, y yo la he visto, nos he visto, sin zapatillas, sin magia.  Cree en la magia, dicen.  Cree en ella y se hará realidad.  Yo no tengo que creer.  Yo soy la magia, y no creo en mí.  Los he visto a todos, arrastrándose, creyéndose mártires, víctimas, porque el mundo no es un lugar seguro para estar.  La realidad nos supera, los supera.  La vitalidad con la que deberían vivir los débiles no les ha sido robada en realidad: ellos la han regalado y otros la han tomado. La hemos tomado. Los otros, nosotros, hemos tomado lo que en verdad nos pertenece.  Pero yo soy débil, y regalo lo que no me sirve. No hay paraíso, no hay héroes, solo ilusiones ópticas.  El héroe cree que ha vencido y que por eso es héroe.  Puta, no hay héroes.  No existe tal cosa.  No existe Dorothy, ni la magia, ni las zapatillas, ni las víctimas, ni los héroes.  Los he visto, a todos, del mismo color, al mismo nivel, reptando.

Tuesday, July 09, 2013

La sensatez errante

Él cree estar cuerdo, adaptado, animado, pero la lucidez no es cuestión de fe.  ¿A quién le importa de cualquier manera?  A él, a veces, tal vez.  Porque para estar cuerdo hay que procurar un pensamiento lo más higiénico posible; claro, urbano, prudente, sociable, pero sobretodo, común.

Ser común.  Las parrilladas con los amigos, la conversación mundana; el fútbol, el individualismo comparado: breves colecciones de voluntad prostituida.  Él cree que compartir lo poco que le causa empatía es un lujo absurdo pero necesario.  A final de cuentas se siente bien ser aceptado, aunque sea en dosis controladas. Sin embargo hay algo que le carcome el ánimo y le reseca la piel.

Él camina insomne imaginando que su juicio personal es sujeto a un control de calidad infame y desgraciado.  Es él quien lo cree de esa manera sin otro referente más que su propia experiencia intelectual.  E inteligir es un ejercicio de lógica sin lugar a duda.  Se aprende a hacerlo de acuerdo a reglas de asociación conceptual.  Pero eso es irrelevante, porque a nadie le importa, dice.  Y eso le carcome el ánimo y le reseca la piel, entre otras cosas.

Él cree no estar cuerdo, ni adaptado, ni animado, pero la cordura no es cuestión de fe.  Ha vivido engañado, porque se ha dejado engañar, o al menos eso es lo que aparenta a veces.  No le importa, porque no lo cree del todo.  A él le gusta aproximarse a los demás para después alejarse.  Porque a pesar de que su ánimo esté agrietado y su piel áspera, hay personas con las que logra sentirse en casa.

Él cree estar cuerdo, adaptado, animado, cerca de ellas.

Porque la cordura sí es cuestión de fe.

Wednesday, February 06, 2013

Jamás, nunca, nada

Habitemos esta isla, porque hemos nadado insondables charcos y ya estuvo bueno.  Hemos braceado olímpicamente contra la muscular tromba que es el choque con el otro, el descubrimiento, el experimento de la intimidad compartida, y la neta es que no hay tormenta más innecesaria que la del canon social entre un hombre y una mujer animados por la más burda de las biologías.

Las matemáticas de la atracción son así: brutas, obvias, animales, y así debieron haber permanecido.  Ahora sabemos que el solo hecho de la atracción no es suficiente para terminar cogiendo con la única finalidad de reproducirnos, nel.  Esa condición natural yace en la última fila de la carpa que es el circo de las relaciones.  Incontables años ya de moldear el más sofisticado de los montajes, de preparar actos anclados a impresiones; de ser otras personas, de esforzarnos por cautivar a ciegas, a lo pendejo, atinándole.

Cierto es que esto es así y que las nociones, posturas, impostaciones, guiños, roces, y frases extraídas de películas y libros, son credo.  Por eso ansío que habitemos esta isla, porque hemos cavado incontables tumbas y ya estuvo bueno.  Habitémosla, sin prisas, que no hay nadie alrededor, porque así lo queremos.  Instalémonos; jamás, nunca, nada, ego.

Tuesday, January 08, 2013

Ser el otro y tú y yo

Fijo la vista en los pequeños orificios de las rejillas que dejan escapar el sonido de las bocinas Harman Kardon que presume la caja de la lap.  De ahí emana mi compañía desde hace días.  Keenan, Morello, Saúl, Aguilera; si no fuera porque los imagino tocando en el living juraría que son solo canciones a volúmenes absurdos. No hay soledad en la música.

Caminamos juntos, del cuarto al baño, del baño a la cocina y al patio de servicio. Jamás podría quejarme de sentir vacíos los trayectos, si es que me permito además aceptar el hecho de la visita esporádica de algunos infantes tardíos (como yo), que posterior a la sobreingesta de ciertos menudos elíxires buscan arrojar sus cuerpecillos al ras del suelo de la manera más económica posible. Y aunque funciona por momentos, la neta es que ni las borracheras ni los amigos que las atienden solucionan la pesadez de cualquier ansiedad congénita: vienen a empedarse, a platicar, a cagarse de risa y a cantar mientras se le trepa al kenwood.  Vienen a decorar lo que en realidad no necesita diseño.

Lo antes dicho solo tiene sentido en la infamia de sentirse un mártir y la gloria de saberse libre de atavismos.  No hemos de continuar con tradiciones extemporáneas, pues.  No cuando existe tanto silencio alrededor y tantas voces para interpretarlo.  Es esa condición la que nos define, la que nos imbuye de versiones de nosotros mismos y la que acaba con la única oportunidad de observar lo demás a través de ventanas que no sean espejos.

Pero todo es espejo.

Por eso fijo la vista en los pequeños orificios de las rejillas que cubren las Harman Kardon de la lap. Porque a cada compás de "living is a problem because everything dies" siento el bombeo de la sangre.  Porque si Kiedis, Moore, Fiona y Harvey no están aquí, yo tampoco.

Friday, January 04, 2013

Memoria de mis crudas tristes

Seis jarras de cerveza, cuatro vodkas tonic, y 8 horas después.  Genius.

Thursday, January 03, 2013

Cosmopolitan me

Está la queja y estoy yo.  ¿Quién fue primero?  Llegué a este mundo en un alarido, en un grito venido a llanto, ese que todos echamos al primer contacto con el helado tufo del quirófano.  Se supone que es un reflejo pero yo estoy CASI convencido de que es una reacción consciente del tipo "no mamen yo no quería salir de ahí".  ¿Quién fue primero, pues?

No recuerdo cómo era adentro, pero después de voyeurear a mi hija Lena durante algunos meses vía ultrasonido, pude percatarme de que ni un loft en Wall Street ni un bungalow en Las Hadas le llega al útero.

¿Entonces? Surgen varias dudas estúpidas: ¿Es posible que un feto "se queje" sin que sea esto interpretado como un mero "estímulo-respuesta"? O mejor aún: ¿Acaso tiene relevancia que la anterior pueda ser considerada una duda legítima? O ya poniéndonos escandalosos: ¿Es un feto una persona?

No debería incluso haber controversia sobre el asunto.  Dr. House dice que nel, que un feto es un feto, hasta que en ese capítulo donde tiene que hacerle cirugía a uno porque trae un rollo cardiaco que está afectando a la madre, saca su bracito al más puro estilo Alien the 8th passenger, y con la manita le agarra el dedo.  A partir de ahí le llamó "bebé".  Sociopatía light para televidentes de cuarta.

No pude haberme quejado antes de llegar. Mi jefa sí, por eso llegué hasta aquí sin siquiera pedirlo.  Fue primero la queja, aunque sinceramente y después de todo, no creo que importe un bledo.  No es como el huevo y la gallina; no una paradoja ni una duda razonable.  Son solo ganas de escribir sobre nada.

Existencialismo light para escritores de quinta.  Porque está la queja, y estoy yo.


Wednesday, January 02, 2013

Lo malo de surfear las cañerías del tiempo

La memoria es enemiga.  Una especie de portal inadecuado a toda necesidad de superación, de ubicación en el instante.  Se alimenta del deseo en algunas de sus variantes más jodidas; llámenme parcial, fatalista, fanático del pop, me vale verga.  No puedo hablar de tu memoria, este es mi show.  El deseo y la memoria.  Hasta para título de autobiografía no autorizada me gusta.  Pero quién querría hacer eso... no yo; no Héctor, mucho menos Alejandro.  Tal vez "el cremas", pero ese güey está muy pendejo para hacer cualquier cosa con el debido arte: ese güey es un animal farandulero.  Lástima que exista alguien así.

La memoria es oponente.  No hay que viajar demasiado en sus inmundas carreteras, me cae.  Tal vez lo necesario, lo suficiente como para sufrir las banalidades que guarda en los cajones más accesibles, esos que por alguna razón se postran más a la mano.  Yo no querría acceder a ninguna de esas historias bochornosas (por decir lo menos); ¿quien vergas querría recordarse como un pendejo?  Pero es como un esfínter, como querer cagar o coger.  Cuando recuerdo, soy esa persona.  Es la memoria que no sirve para aprender lecciones sino para archivar datos inútiles, pasajes sin fecha, autorretratos fallidos.

Y en la otra esquina, el deseo.  El deseo de recordar mierda, de ser recordado de otra manera.  El deseo epidérmico, el del animal que busca satisfacer hambres que pueda guardar en su aberrante memoria.  

Bienaventurados los amnésicos.  Porque el acto de recordar podrá ser útil solo en la medida del amor sin apego, del zen urbano, del acto virtuoso.  Bienaventurados los amnésicos.  Porque allá afuera, la memoria y el deseo ya no sirven más a esos fines.  No a mí, no a ellos.  Allá afuera es la guerra.  El espacio donde la memoria ha de recordarme las maneras en que he de defenderme de los demás; en que he de desconfiar de ellos, y en que -en su momento- habré de detectar los momentos en los que deba sacar ventaja para ganar en competencia.

Eso.  Ahí.  Supongo que no todo es tan malo en el deporte de surfear las cañerías del tiempo.

Wednesday, October 10, 2012

Proso_día

No hay consonantes que no sean falibles. Un bote, una piedra, un punto, una coma, y el énfasis de los acentos en las vocales de nuestra actitud.

Thursday, September 08, 2011

Los duelos de Kafka


IV. Sed (extracto)

La vida está en pausa, pensé.  Es un punto en el plano cartesiano; un limbo sin tiempo.  Desperté algo hambriento.  Los rayos del sol inundaban mi rostro mientras me estiraba para acomodar vértebras entumidas que clamaban por descanso ortopédico.  Reincorporé lo que me quedaba de cuerpo y suspiré.  Que mierda.  Me dolía todo.  Recordé cuando habitaba el multifamiliar en Monterrey.  Me resultaron risibles las mentadas insuficiencias materiales de las que llegué a quejarme en aquel momento, mientras me auto-compadecía por no querer ser un lamebotas más del sistema.  Zucaritas con leche en la mañana, luego a la chamba en el bazar de música; break a las dos de la tarde, torta de lomo, regreso al shift vespertino, para después deambular hasta la parada del urbano que me dirigiría al billar de Don Cheto, donde remataba con unas tecates para finalmente llegar a mi cueva y pernoctar, posterior a la zucaritas con leche de la medianoche.  Ahora, aquí, aquello era vida. La miseria que representábamos los olvidados del Monterrey clasista se antojaba ahora una aspiración urgente.  Así desperté esa mañana: con la jeta empolvada y el cuerpo apuñalado por cualquier cantidad de insectos chupasangre; torcido y nostálgico, haciendo apología del flashback.  

Desperté y encontré nada.  Era en el desierto de los discursos que me decían que hacer y cómo hacerlo donde ardía.   Ardían el fuego y las ideas alrededor de la mañana.  Desperté y encontré todo.  Añorar estaba de güeva.  Yo estaba de güeva.  Me levanté por fin para buscar a alguno de los completos extraños con los que ahora compartía el perímetro, con la intención de integrarme a alguna certidumbre convenida, aunque esa idea solo existiera en mi cabeza. ¿Qué hacen estos cabrones todas las mañanas?  ¿Acaso el impulso del desayuno no los hace delirar?    Tal vez yo puedo dejar de almorzar o cenar, pero el desayuno… bueno.  Al menos en todo mi recorrido hasta este punto había tenido la suerte de toparme con algo de cactáceas y arbustos digeribles.  Al salir de la pequeña estructura de adobe donde había franqueado la noche, lo primero que pude ver fue un equino.  Vaya, pensé.  ¿Por qué estas personas no han matado a este animal para comerlo?  Si esto fuera India podría comprender el autosacrificio como una opción viable, o como la única, sin embargo, al ver a ese caballo, comencé a dudar seriamente de estar en el lugar adecuado para intentar sobrevivir.  Segundos después de percatarme del animal aquel, pude observar al cura saliendo de la capilla, encaminándose hacia la bestia.

Todo era tan cómicamente macabro.  La fotografía entera me hacía pensar que éramos objetos y servíamos a una política específica escrita con malicia caótica y divina.  Insistí en el hecho del tiempo, de la quietud.  No había movimiento en ese lugar.  Todas las mañanas podían sintetizarse en una sola; en esa en la que desperté y la vida ya era así.  En aquella en la que pude embarrar el polvo del amanecer  en las paredes y sentir como el observado dejó de ser observador.  Me sentí el anónimo del mundo, y quise escribirlo todo.  Fue ahí cuando entre en trance.  Fue ahí cuando me iluminé.

He aquí el cerebro acostumbrado al letargo que los sedantes de su propia estrechez le producen.  Pero esto no es así por naturaleza, se necesita una voluntad vital por la fatalidad para reducirlo todo a ese estado imposible en el que estar despierto es igual a estar muerto.  Ahí es lugar propicio, lugar de comfort, donde se convierte uno en accesorio de la realidad.  Llegar ahí convertido en objeto requiere de energía mental; hay que conectarse, convencerse de que más allá de la individualidad, no se es más que materia animada.  Hay que dejar de ser un nombre, un conjunto de características, un yo, un ego.  Mover la cabeza, los brazos; trasladarse sin razón, bostezar, suspirar, mutar, verse cambiando de forma, aislarse conscientemente del juicio cotidiano, disfrutar siendo envase,  siendo cuerpo en abandonada acción.  El freak show corpóreo vomitando actos reflejos; impulsos empíricos inútiles: un ejercicio de pocos, de extranjeros, de los que se quieren fósiles por un momento. Por más cuántico que se imagine el viaje, no todo es tan extraterrestre.  Ser parte de la decoración alrededor tiene su valor específico, su belleza.  Darse cuenta de lo que ocurre en las metamorfosis diarias es una felicidad que poca raza se da oportunidad de experimentar.  De cosa a héroe a humano a idiota a genio a víctima a todo a nada a nadie.  El soldado de la realidad per sé no gusta de transitar en su universo estos estratos, generalmente se conforma creyendo ser solo uno de ellos.  Por eso el que canta himnos y se uniforma con los motivos de la grandilocuencia humana, es probable que jamás experimente el gusto de la impermanencia. El objeto o el soldado; el que cree ser objeto y el que ignora ser soldado, los que quieren ser y creen parecer, ambos, la misma cosa falible.  Todo ocurre más allá de las categorías, de los conceptos, de las fobias o apegos.  Todos, la misma cosa humana.  Todos A y B.  Objetos o soldados.  Juntos, en un vértice de mierda y en un paraíso.  Aferrados a la vida en un sistema, queriendo acabar lo más pronto posible con ella.

Así era.  Reflexionaba el cosmos del desierto en espirales que podía incluso tocar con mis propias manos.  Todo lo anterior sucedía en segundos, mientras mi estómago gritaba.  El cura había solo dado unos cuantos pasos antes de reconectarme a la realidad.  Parpadee y retomé el juicio.  Decidí ir a consultar al representante del Dios en quién no creo.  Mientras me acercaba a él, salió la puta de una de las chozas adyacentes a la capilla.  Detuve el paso e hice como si buscara algo en mis bolsillos.  Arena.  Levanté solo un poco la mirada para actualizar la escena.  El padre llevaba consigo una especie de contenedor, un ánfora, y de alguna u otra forma parecía estar ordeñándole orina al equino.  Vaya espectáculo viniendo de un ortodoxo.  Seguí fingiendo demencia.  Volteé mi cuerpo dando la espalda a lo que acababa de presenciar, solo para alzar mi cabeza y entregarle mi rostro al cielo.  Uno, dos, tres…  Helos ahí.  Al continuar mi rumbo hacia donde estaba el cura, me percate de que la puta había cruzado palabra y algo más con él. Ella solo atinó a mirarme con cierto rechazo antes de que pudiera preguntarle al ungido si sabía de algún lugar donde pudiera encontrar vegetación comestible.

-“Hijo mío, el desierto es el infierno.  La palabra de Dios fue extinguida por la ambición del hombre, y su ira va más allá de cualquier castigo comprensible.  Los que entregamos nuestra vida al sendero de la frugalidad sabemos que el pecador cruzó todos los límites, mancillando la bondad infinita del que es elegido.  Yo sacio mi sed con lo que Dios ha creado, aunque ya no sea más uno de sus hijos. Y ahora, nosotros cuatro somos ella, la prostituta; la ramera de babilonia, la sostenida por las bestias y el dragón, la que espera la llegada de Cristo en un caballo blanco para ser ultimada.”-

-“No habrá nueva Jerusalén, padre… pero eso dejó de importar desde hace tiempo, ¿qué no?”-  espeté.  Me ofreció un trago de su elixir de urea.